viernes, 21 de septiembre de 2018

EN EL RINCÓN DE TUS OJOS





Una noche más, aquí, yo y la soledad
Con la cruel compañía de unas lágrimas ardiendo en mis mejillas
Igual, las mismas de ayer, o quizá de antes de ayer
Ya me estoy acostumbrando, parece que duele menos
Que cuando hace ¿Cuánto? Días, meses, o quizá una eternidad
Con cada lágrima se iba, de alguna forma, un trocito de mi vida
Tal vez también ahora se va, pero ya no pesa tanto
Aunque también es posible que esté tan rota ahora mismo
Que no note las heridas.

Entre sombras, imagino tu mirada, que me hiere como nunca antes lo hizo
Porque de repente el mundo, ha dejado de ser mundo
Porque a tientas, trato de romper el nudo
De buscar una salida, una ventana escondida
Que me permita escapar.

Y no sirven las palabras, porque pocas hay comunes.
Pocas hay que signifiquen lo mismo para los dos.
Y busco lo que nos ata, lo que nos mata y nos une
Y me pierdo entre caricias, miradas y tu calor
Y me encuentro acurrucada, ciega y sola, sorda y triste
En el rincón de tus ojos, donde una vez, hace un siglo
Descubrí qué era el amor.

miércoles, 25 de abril de 2018

ECOS DEL OLVIDO




Hacía tiempo que no oía tu sonrisa
Me fijé en que no sentías mi mirada
Intuía que morían en tus labios versos que lloraban en tu alma

Adivinaba que tu cuerpo se escondía
Había notado que crecían los rincones olvidados
Sospechaba que soñabas los recuerdos en lugar de recordarlos.

Percibía que contabas los segundos
Comprendía cada día que escapabas
Presentía que los días de esperanza, sin remedio, terminaban

Percibía cada beso como un eco de del olvido
Respiraba los vacíos que entre los dos se instalaban
Escupía cada instante en que sangraban las palabras

No quise verte alejándote en silencio
Me engañé, posé mi vista en otro lado
Me convencí , suplantando los vacíos con las luces del pasado

Cuando quise mirar, ya estabas lejos
Cuando te quise oír, tu voz no se escuchaba
Solo vi tu amarga silueta un instante antes de que se esfumara.

sábado, 21 de abril de 2018

UNA CARTA DE AMOR




A media hora a pie de casa, en la cafetería en la que compartimos tantos cafés a la salida de mi antiguo trabajo, en la mesa más alejada de la entrada y de la barra, sin planes ni prisa, espero a que el camarero me traiga la copa que le acabo de pedir.
Le observo mientras lo prepara siguiendo un ritual que habrá repetido en cientos de ocasiones. Es joven y no especialmente guapo, pero tiene un brillo en los ojos que llama mi atención. Me recuerda que una vez yo también lo tuve, que una vez, hace una eternidad, yo también fui joven. Ambos lo fuimos.
El camarero se acerca y deposita mi bebida sobre la mesa, dedicándome una amplia sonrisa que no sé cómo, soy capaz de corresponder.
A solas con mi gin tonic, se me viene a la memoria el día en que le conocí, en el aula magna de la facultad, en primero de derecho, uno de los primeros días de clase, cuando desvié la vista hacia un chico que me observaba en lugar de mirar hacia el estrado donde se encontraba el profesor. Nuestras miradas se encontraron y un escalofrío recorrió mi espalda; me sentí atraída por él de inmediato.
Así estuvimos un mes, sin acercarnos el uno al otro, lanzándonos furtivas miradas entre lecciones monótonas y aburridas, hasta que un fin de semana, nos encontramos en uno de los bares de moda, y con la ayuda de nuestros amigos, nos conocimos, nos gustamos, y no nos volvimos a separar hasta hoy.
¿Cuánto tiempo había pasado? Casi veinte años, toda una vida… Dos caminos que un día se hicieron uno, recorrido por dos niños que juntos se convirtieron en adultos y que ahora se volvían a separar, dejándome sola, perdida y sin consuelo.

domingo, 25 de marzo de 2018

ME VIENES FATAL


Tenía que ser precisamente ahora. No cuando te buscaba, cuando necesitaba una caricia y una palabra de apoyo cada día, y no había nadie que me la pudiera brindar.

Tenías que venir ahora, cuando había logrado ser feliz sosteniéndome sola, sin tener que contar con nadie y sin más ayuda que la que yo me puedo prestar.

Tenías que aparecer justo cuando lo tenía todo organizado, cuando mi vida tenía un orden, cuando dos más dos eran cuatro y tres más tres siempre eran seis. Cuando era yo la que introducía todas las variables que podían afectarme. Cuando ya tenía una prioridad establecida, cuando había decidido concentrarme en lograr ascender en mi carrera profesional sin tener que preocuparme de nada más.

Yo no quería esto ahora, es justo lo contrario de lo que necesitaba. Yo solo quería calma, solo quería control.

Y vienes sin preguntar, sin que nadie te haya invitado, sin que nadie te haya dicho: "¡Entra!".

Pues no. Ahora me vienes fatal, ahora no tiene sentido.

No quiero cambiar tranquilidad por preocupaciones, aunque vengan con un regalo de mil besos. No quiero cambiar el sueño por noches de insomnio, aunque otras estén plagadas de abrazos. No quiero nuevas ilusiones que luego se cobren lágrimas, eso es lo que no quiero.

No. Me vienes fatal. Pero pasa.

sábado, 13 de enero de 2018

LO QUE MUEVE EL MUNDO


Caras grises. Mentes vacías. Cuerpos encorvados. Miradas perdidas.

Tic tac, tic tac, tic tac.

Pasa un tren. Suben algunos. Otros bajan. Otros permanecen a la espera. Cambia la gente, pero no noto la diferencia. Caras grises. Mentes vacías. Cuerpos encorvados. Miradas perdidas.

Cansancio. Me pesan las piernas. Me pesa la espalda. Solo quiero llegar a casa y soltar esta mochila.

Por fin llega el mío. La gente se aglutina por inercia a medida que se acerca, intentando adivinar dónde quedará la puerta. Se para, me llevo algún que otro empujón, subo, se pone en marcha. Veinticinco minutos hasta mi parada.