jueves, 28 de abril de 2016

FÁCIL ES COMPLICADO


Me miro por dentro y casi siempre me entiendo. Sé lo que quiero y cómo lo quiero. Tengo claros los valores que rigen mi vida, me muevo por sentimientos. Quiero cosas buenas para mí y para los demás. Quiero ser feliz, y que los demás lo sean. Con mis actos, busco mi interés sin perjudicar a los demás. No sé qué es la envidia; bueno, sí lo sé. Envidio situaciones en las que no me encuentro, envidio al que tiene cosas que a mí me faltan, y no hablo solo de lo material. Pero no le odio por ello, ni deseo robarle lo que por derecho le pertenece. Eso me enseñaron, o eso aprendí. De lo que hay, quiero mi parte, solo la mía.
No entiendo las guerras. No entiendo que el dinero valga más que las personas. No entiendo que el amor no triunfe porque se encuentre con barreras que nada tienen que ver con él. No entiendo que se odie a una chica guapa solo por serlo. No entiendo que las personas tengan que juzgar, en otro, hechos que no les afectan ni les importan. No entiendo que alguien valga más por ser de una raza o de otra. No entiendo que si yo he progresado en mi trabajo, tú tengas que venir a tratar de hundirme o a llevarte lo que es mío, ya sea por el sudor de mi frente o porque he tenido suerte. No entiendo que los padres compitan por la belleza e inteligencia de sus hijos. No entiendo que critiques mi forma de vestir o mi forma de expresarme. No entiendo que alguien tenga que opinar sobre la homosexualidad de otro. No entiendo que la ambición le esté ganando la partida a la búsqueda de la felicidad. No entiendo que el odio sea el motor que mueve el mundo. No entiendo por qué me alabas cuando estoy delante y me criticas a mis espaldas. No entiendo por qué te empeñas en hacer complicado lo que es fácil.

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