lunes, 15 de febrero de 2016

DESCONOCIDOS


Cuando miro atrás ni siquiera lo recuerdo como algo distinto a un sueño. Sé que fue verdad, pero ¿acaso la realidad y la fantasía no pueden ser lo mismo en nuestra mente cuando la realidad es pasado? La realidad está sobrevalorada.

Di contigo por causalidad, como ocurren las mejores cosas.  Aunque no fue exactamente así, fuiste tú quien dio conmigo, pero eso ya qué más da.

Lo importante es que nos conocimos, aunque solo en la distancia. Nunca te vi ni te toqué, solo te escribí, y solo me escribiste. Pero aún así, nos conocimos mucho más de lo que se conoce mucha gente que tiene contacto diario, que han cruzado miles de palabras, que han compartido paseos, cenas y cines.

Porque tú y yo cenamos juntos sin haber cenado, paseamos juntos sin haber paseado y vimos películas juntos sin estarlo. Pero además hablamos desde nuestro interior, desde nuestro corazón, desde nuestros sentimientos y las profundidades de nuestro ser. Compartimos. Nos ayudamos. Nos sostuvimos. Quizá no nos conocimos de la forma , pero lo hicimos a un nivel más profundo.

Y confié en ti. Supe que jamás me harías daño intencionadamente, y que podía contar contigo. Te necesitaba. Y pensé: Si algún día necesito ayuda, él estará ahí por mí. Si algún día estoy triste, él me animará. Si algún día mi mundo se da la vuelta, tendré su hombro para llorar.


Pero todo acabó antes de que se diera vuelta mi mundo. De repente desapareciste, como un espejismo, no volví a saber de ti. Incluso a veces mi cabeza me jugaba una mala pasada, y dudaba de que alguna vez hubieras existido. Al principio creí que el destino había sido cruel contigo y habías desaparecido realmente, pero después comprendí que quizá tu desaparición era voluntaria. Mi cabeza se negaba a aceptarlo, pero lógicamente era preferible a la primera opción. Y no hay que buscar a quien no quiere ser encontrado.
Y así, se apagó tu llama. Se apagó, dejaste de existir, si es que habías existido alguna vez. La vida sigue, porque pase lo que pase, la vida sigue, aunque no sea igual. Con la excepción de que la muerte se fije en ti, claro. Pero siguió, prueba de ello es que estoy aquí.

Pero un día, el mundo se volvió del revés. Caí en un pozo, notaba como se aproximaba el fondo, lo veía y a duras penas mantenía el equilibrio para no seguir cayendo. Pero a veces no depende de ti, a veces es el destino quien decide si es el momento de tocar el fondo. Y no pude evitar recordar aquel hombro que estaría allí para mí. ¿Dónde estaba?
Y te busqué. Y te encontré, porque no te importó ser encontrado. Y ahora, como un desconocido, me explicas que te fuiste porque así lo decidiste. Ya lo sabía. Pero ahora lo sé por ti. Te fuiste porque quisiste. Me dejaste sin más, no hubo ningún rayo que te atravesara ni un ciclón que te llevara por delante. Te fuiste sin más. Mi amigo. Tú me encontraste y tú me dejaste. Con cientos de palabras por el camino que tan importantes fueron para mí, pero al final no significaron nada.

Así es como debe sentirse la persona más desgraciada del mundo, así debe ser.

Y ni un signo de arrepentimiento, aunque ya no importe. Lo dices como algo normal, algo que no hay que justificar. Y no creas que no entiendo los motivos, porque los entiendo. Pero no puedo entender la forma, eso nunca lo podré entender.


Y no quiero buscar culpables, no tengo fuerzas ni para enfadarme. Ni quiero recriminaciones que de nada servirían. Solo quiero que alguien me explique de qué estamos hechos los seres humanos, por qué fue tan fácil para ti dejarme y tan difícil para mí superarlo. Por qué una persona que llena tus horas decide dejar un vacío que nadie puede llenar. Cómo es posible que te fueras. Y sobre todo, cómo es posible que no me dijeras adiós. Cómo es posible…

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