jueves, 10 de diciembre de 2015

SU LUGAR


¿Has llorado alguna vez?
Claro que has llorado. Y sufrido. Claro que alguna vez, probablemente muchas, las cosas no han salido como esperabas. Incluso te han salido al revés de lo que esperabas.  Te has sentido triste, desdichado, solo. Te has sentido como algo pequeñito, insignificante. Muchas veces te has sentido ignorado. Y otras tantas traicionado. Te han fallado personas en las que confiabas, y eso duele. Eso es, también te has sentido dolido.
Es complicada la vida. Te ríes mucho, pero también lloras. Eres feliz, pero también te sientes triste. Una mano te acaricia y a los dos segundos, recibes una patada.
Pero seguro que tienes un lugar. Sabes cuál es tu lugar. Un punto de referencia al que siempre vuelves cuando todo termina. Y eso te proporciona cierta estabilidad. Hace que te sientas seguro. Es tu punto de apoyo, tu salvavidas. Es el lugar donde guardas el escudo, donde llegas, te acurrucas y en unos minutos, tu corazón se relaja.
Pues ella, perdió el suyo. Ella llora, sufre, se siente triste, desdichada y sola. A veces también se ríe, pero la risa pierde sentido porque de repente se evapora. Y no hay un lugar al que acudir. Ella perdió la referencia, perdió el anclaje. Y todo fue porque un día despertó de un largo sueño, y cuando abrió los ojos y miró el mundo, lo encontró cambiado. Ayer era uno, y hoy, otro completamente diferente. Y jamás pensó que el mundo pudiera ser de otra manera que el que ella conocía. Y lo mira, buscando similitudes, pero apenas las encuentra. Y quizá sea por eso que no tiene un lugar al que volver: porque su lugar murió el día que murió su mundo.
Y así es difícil remontar. No tiene donde agarrarse, no puede coger impulso.
Pero no tiene sentido tratar de que lo entienda alguien que nunca ha perdido el suyo.