lunes, 27 de julio de 2015

ECLIPSE DE LUNA



Le odio.

Y no entiendo por qué todos le aman. Desean cada día su presencia, disfrutan con su cálido abrazo, sus ojos brillan ante su esplendor. Y él se va asomando hasta que triunfal,  se muestra del todo, siempre con su radiante sonrisa.

Solo unos pocos esperan mi llegada con la noche: los románticos, los solitarios, los que sueñan melancólicos; ellos valoran mi suave caricia, mi tenue luz, la mágica sensación de mi embrujo.

Pero el resto… ¡No lo entienden, no lo ven! Llevan miles de años adorándole, y le han convertido en un ser engreído, presuntuoso y petulante. Alguna vez, incluso llegaron a llamarle Dios.

No se dan cuenta de que su presencia termina por marchitarles, les quema, les vacía… acaba con ellos tan lentamente que no son capaces de verlo.

El me humilla, se burla de mí, me eclipsa, disfruta imponiéndose como favorito cada día.

Pero aquellos que hoy le veneran, un día desaparecerán; todo volverá a ser como antes, cuando no existían. Y entonces volveremos a ser iguales. Pero a sus ojos no lo seremos, porque entonces se sentirá solo y vacío; no habrá halagos para él; la indiferencia le hundirá; no podrá recuperarse.


Y ese día, yo, me convertiré en la reina del Universo.

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